Una antena que abrió una ventana al mundo para la Escuela Montaña de Copihues
Conoce en esta nota la historia completa y cómo Comunidades Conectadas reduce la brecha digital en zonas rurales rezagadas.
En la Escuela Montaña de Copihues, ubicada en la comuna rural de Cobquecura, en la Región de Ñuble, Chile, conectarse a internet era, hasta hace poco, una tarea casi imposible. Aunque el establecimiento no está lejos del centro comunal, la comunidad vivía en una zona sin cobertura efectiva. En la práctica, estar relativamente cerca de la ciudad no significaba estar conectado.
Durante años, ninguna compañía entregó una señal estable en el sector. Para estudiantes, familias y docentes, eso implicaba enfrentar una brecha que iba mucho más allá de lo tecnológico. Significaba no poder acceder con facilidad a información educativa, no contar con herramientas digitales para apoyar las clases, no comunicarse de manera oportuna con familiares y tener más dificultades para acceder a servicios básicos.
Óscar Torres, profesor encargado de la escuela, conoce bien esa realidad. Lleva alrededor de diez años trabajando en la Escuela Montaña de Copihues y recuerda que, antes de la llegada de internet, preparar una clase con recursos digitales podía convertirse en un proceso largo y complejo.
“Somos una zona negra. Ninguna compañía, de ningún lugar, nos entrega señal de internet”, cuenta. “Antes tenía que bajar con un pendrive a donde hubiera señal, buscar el material y volver. Eso podía tomar por lo menos siete días. Se hacía una educación muy asincrónica”.
Esa espera de varios días para acceder a un video, una guía, una imagen o un contenido actualizado marcaba la experiencia educativa. Mientras en otros lugares los estudiantes podían buscar información en línea, resolver dudas en tiempo real o complementar sus aprendizajes con recursos digitales, en la Escuela Montaña de Copihues el acceso al conocimiento dependía de la posibilidad de trasladarse hasta un punto con conectividad.
La situación comenzó a cambiar con la llegada del programa Comunidades Conectadas, una iniciativa impulsada por el Sistema de las Naciones Unidas en Chile y el Gobierno Regional de Ñuble y de la Araucanía, además del gobierno central, con financiamiento del Fondo Conjunto para los Objetivos de Desarrollo Sostenible —Joint SDG Fund—. A través del proyecto, se instaló una antena que permitió llevar conectividad a la escuela y abrir nuevas oportunidades educativas, sociales y comunitarias.
Para Óscar, el impacto fue inmediato y profundo. La conectividad no solo facilitó el acceso a material pedagógico, sino que transformó la forma en que niñas y niños se relacionan con el aprendizaje.
“Comunidades Conectadas vino a ayudar en la calidad de la educación, a hacerla más precisa, más real, donde el niño ya no está tan separado de lo que está sucediendo en su sociedad”, explica. “Con esto, el niño puede gestionar su propio aprendizaje, desarrollar su autonomía y estar interconectado”.
La conectividad permitió que las clases se volvieran más dinámicas, actualizadas y cercanas a la realidad de los estudiantes. Hoy, una pregunta que surge en el aula puede transformarse en una búsqueda inmediata. Una duda puede abrir una conversación. Un video educativo puede complementar una explicación. Un contenido en inglés, ciencias o historia puede estar disponible en el momento en que se necesita.
Ángel Espinoza, estudiante de la Escuela Montaña de Copihues, lo resume desde su propia experiencia. Antes, dice, estudiar con apoyo de internet era muy difícil. “Costaba mucho buscar videos, costaba mucho sin tener internet”, recuerda. “Ahora tenemos buen internet gracias a la antena que nos pusieron. Podemos ver videos que nos enseñan y buscar lo que nos causa duda para seguir haciendo las tareas”.
Su testimonio muestra uno de los cambios más importantes que genera la conectividad: la posibilidad de que los niños y niñas pasen de recibir información de manera limitada a explorar, preguntar, investigar y construir conocimiento con mayor autonomía. Para una escuela rural, esa transformación puede ser decisiva.
El programa Comunidades Conectadas busca precisamente reducir la brecha digital en territorios rurales rezagados mediante acceso a internet, formación en habilidades digitales, fortalecimiento de la telesalud, acceso a servicios públicos y apoyo al desarrollo productivo local. En la Región de Ñuble, la iniciativa ya superó sus metas iniciales, que consideraban 25 puntos de conectividad, y entra ahora en una nueva etapa centrada en capacitaciones para que las comunidades puedan aprovechar plenamente la conectividad en educación, salud, productividad y desarrollo local.
En la Escuela Montaña de Copihues, esa nueva etapa ya comienza a reflejarse en la vida cotidiana. Para las familias, internet no es solo una herramienta escolar. También es una vía para comunicarse, informarse y acompañar mejor los procesos educativos de sus hijos e hijas.
Isadora Torres, apoderada del establecimiento, cuenta que su hija ahora puede estudiar, investigar y explorar nuevos intereses desde la escuela y el hogar. “Antes no podía revisar cosas por internet. Ahora trabaja con el computador o el celular, busca lo que quiere ver, cosas en inglés, lo que quiere saber, y ahí hace sus tareas”, relata.
La conectividad, en este sentido, amplía las posibilidades de aprendizaje más allá de la sala de clases. Permite reforzar contenidos, despertar curiosidad, acceder a nuevos idiomas y acercar a estudiantes rurales a herramientas que en otros contextos se consideran parte normal del proceso educativo.
Pero el impacto del proyecto no se limita a los estudiantes. En una comunidad donde antes comunicarse por WhatsApp o hacer una videollamada era prácticamente imposible, la escuela se ha convertido en un punto de encuentro y conexión. La señal abierta permite que apoderadas, apoderados y vecinos puedan comunicarse con familiares, acceder a información y resolver necesidades cotidianas.
“La escuela ha sido como un faro”, dice Óscar Torres. “Como la señal está abierta para los apoderados, ellos pueden comunicarse. Imagínese pedir una ambulancia o saber cómo está un familiar lejano en una videollamada. Antes no se podía hacer; ahora sí. El impacto en la comunidad ha sido muy grande”.
Esa imagen de la escuela como un faro resume el sentido más amplio de Comunidades Conectadas. En territorios rurales, una antena no solo entrega acceso a internet. También fortalece vínculos, reduce aislamiento, mejora las posibilidades de respuesta frente a emergencias y acerca servicios que antes parecían lejanos.
La iniciativa forma parte de un esfuerzo conjunto del Sistema de las Naciones Unidas en Chile por acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde los territorios. Comunidades Conectadas reúne el trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), ONU Mujeres, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Cada agencia aporta su experiencia y capacidades: desde conectividad digital y políticas públicas, hasta desarrollo rural, igualdad de género, salud, inclusión productiva y transformación tecnológica. Este enfoque integrado permite abordar la brecha digital no solo como un problema de infraestructura, sino como una oportunidad para ampliar derechos, fortalecer capacidades locales y generar nuevas condiciones de desarrollo.
El programa también promueve oportunidades educativas, tecnológicas y de liderazgo para que niñas y mujeres puedan desarrollar sus talentos, fortalecer su confianza y convertirse en protagonistas de un futuro más justo, inclusivo y sostenible. En comunidades rurales como Copihues, esto cobra especial relevancia: el acceso a internet puede abrir nuevas rutas para el aprendizaje, el emprendimiento, la participación y la autonomía.
La experiencia de la Escuela Montaña de Copihues demuestra que la conectividad puede ser una puerta de entrada a múltiples transformaciones. Una clase puede mejorar. Una estudiante puede investigar en inglés. Un niño puede resolver una duda en línea. Una familia puede comunicarse con un ser querido. Una comunidad puede contar con una herramienta para pedir ayuda en una emergencia.
En Cobquecura, donde antes el acceso a información dependía de un pendrive y de un viaje hasta un lugar con señal, hoy la escuela está conectada. Y con ella, también lo está su comunidad.
La antena instalada por Comunidades Conectadas cambió mucho más que la calidad de la señal. Abrió una ventana al conocimiento, fortaleció el rol de la escuela como centro comunitario y acercó a niñas, niños y familias a nuevas oportunidades.
En la Escuela Montaña de Copihues, la conectividad dejó de ser una promesa lejana. Hoy es una herramienta concreta para aprender, comunicarse, participar y construir un futuro más inclusivo desde el territorio.