La conectividad abrió nuevas oportunidades para mujeres de Cotraucó
Conoce los detalles en esta nota.
A través de Comunidades Conectadas, comunidades rurales como Cotraucó, en la Región de Ñuble, están accediendo a internet, formación digital y nuevas herramientas para fortalecer la educación, la productividad local y el liderazgo de las mujeres rurales
En la localidad rural de Cotraucó, en la comuna de San Ignacio, Región de Ñuble, Chile, Marjorie Avilés ha construido durante más de dos décadas una historia de trabajo, perseverancia y liderazgo comunitario. Productora de berries, dedicada al cultivo de frutillas y frambuesas, llegó al territorio en el año 2000, cuando las condiciones para emprender eran especialmente difíciles.
“No había conectividad de ninguna clase, los caminos no eran muy buenos y las familias no tenían muchas alternativas, aparte de los sembrados habituales”, recuerda. En ese contexto, junto a otras mujeres del sector, comenzó a preguntarse qué podían hacer para aportar al crecimiento de sus familias y de su comunidad.
“Nos juntamos con algunas mujeres y empezamos a pensar qué era lo mejor, cómo podíamos aportar a nuestra familia, al crecimiento de nuestro sector, de nuestra localidad, porque sentíamos que valíamos mucho, pero que faltaba darle un realce a esto”, cuenta Marjorie.
Mujeres rurales que transformaron una memoria local en oportunidad
La respuesta la encontraron mirando hacia la historia del territorio. Al investigar qué actividades productivas habían desarrollado las familias de la zona, descubrieron que antiguamente algunas vendían frutillas. Esa memoria local se convirtió en una oportunidad para abrir un nuevo camino.
Así nació un proyecto impulsado por mujeres rurales de Cotraucó. Lo diseñaron, lo presentaron, fue aprobado y comenzaron a trabajar la tierra con sus propias manos. “Las mujeres empezamos a trabajar con pala, con herramientas, con caballo. Pedíamos ayuda a la familia, las señoras pedían ayuda a sus esposos. Así sacamos adelante este proyecto”, relata.
Plantaron 15.000 plantas de frutilla, un hito para la comuna de San Ignacio. Sin embargo, el camino no estuvo libre de prejuicios. Marjorie recuerda que muchas personas cuestionaban lo que estaban haciendo. “Nos decían: ‘¿Qué están haciendo ahí? Váyanse a la casa, vayan a cocinar, hagan cosas de mujeres, no cosas de hombres’”, dice.
Pero ellas siguieron adelante. Con esfuerzo, organización y convicción, demostraron que las mujeres rurales podían liderar iniciativas productivas, generar ingresos, abrir oportunidades para sus familias y fortalecer la identidad de su localidad.
Cuando no hay señal, se pierden oportunidades
Años después, el emprendimiento de Marjorie y de otras productoras de Cotraucó se consolidó. Pero había una barrera que seguía afectando sus posibilidades de crecimiento: la falta de conectividad.
En un mundo donde las ventas, las reuniones, los trámites, la información y los servicios se coordinan cada vez más a través de plataforma, no tener señal significaba quedar fuera de muchas oportunidades. Para Marjorie, esto tenía consecuencias directas en su negocio: sin ubicación digital, sin comunicación fluida y sin información en tiempo real, muchas oportunidades comerciales se perdían antes de concretarse.
Esa realidad comenzó a cambiar con la llegada de Comunidades Conectadas, que busca reducir la brecha digital en territorios rurales rezagados mediante acceso a internet, formación en habilidades digitales, fortalecimiento de la telesalud, acceso a servicios públicos y apoyo al desarrollo productivo local.
El programa es desarrollado por ONU Chile junto al Gobierno y aliados del mundo público y privado, con financiamiento del Fondo Conjunto para los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. En su implementación territorial, también articula el trabajo con los Gobiernos Regionales de Ñuble y La Araucanía, municipalidades, comunidades y actores locales.
En Ñuble, la iniciativa ya superó sus metas iniciales, que consideraban 25 puntos de conectividad, y ahora avanza hacia una nueva etapa centrada en capacitaciones para que las comunidades puedan aprovechar plenamente la conectividad en educación, salud, acceso a servicios del Estado, productividad y desarrollo local.
Una antena para aprender, vender y salir al mundo
Para Marjorie, contar con una antena más cercana ha significado una mejora en su negocio. Hoy puede recibir mensajes a tiempo, coordinar ventas, compartir su ubicación con clientes y responder con mayor rapidez a quienes buscan sus productos.
“Ahora se ha solucionado, porque ya tenemos la antena más cerca. Ha sido mucho mejor, porque los clientes ahora pueden comunicarse y uno puede compartir ubicación, puede decirles dónde estamos”, señala.
La conectividad no solo mejora las ventas. También abre nuevas posibilidades para aprender, participar en reuniones online, acceder a información, conocer herramientas digitales y proyectar los productos locales hacia nuevos mercados. Para una productora rural, estar conectada puede marcar la diferencia entre quedarse aislada o integrarse a nuevas redes de desarrollo.
El impacto también alcanza a las familias y a la comunidad. En territorios como Cotraucó, internet facilita que niñas, niños y jóvenes puedan estudiar sin depender de largos traslados para hacer una tarea, que las personas puedan acceder a servicios del Estado y que las comunidades puedan comunicarse de manera más oportuna.
“Necesitábamos tener señal de internet, porque hoy todo te lleva a una página, a un link, a una reunión online. Si no tienes señal, te quedas ahí mismo: avanzan los de allá y nosotros seguimos aquí”, señala Marjorie.
La historia de Marjorie muestra que la conectividad es mucho más que infraestructura. Es una herramienta para fortalecer la autonomía económica, reducir desigualdades territoriales y ampliar las oportunidades de las mujeres rurales. También es una puerta para que las comunidades puedan participar con más fuerza en la vida económica, social y digital del país.
Comunidades Conectadas promueve oportunidades educativas, tecnológicas y de liderazgo para que niñas y mujeres puedan desarrollar sus talentos, fortalecer su confianza y convertirse en protagonistas de un mejor future.
La iniciativa reúne el trabajo conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), ONU Mujeres, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Cada agencia aporta su experiencia en conectividad digital, desarrollo rural, igualdad de género, salud, políticas públicas y transformación tecnológica.
Este enfoque integrado demuestra cómo la colaboración del Sistema de las Naciones Unidas puede acelerar la transformación digital inclusiva desde los territorios, articulando conectividad, formación, servicios y desarrollo productivo.
Para Marjorie, el desafío que viene es seguir aprendiendo. Sabe que internet puede ser un mundo nuevo para muchas personas de su comunidad y que aún existen temores frente a la tecnología. Pero también está convencida de que la cercanía de estas herramientas permitirá que más personas se atrevan a usarlas.
“Ahora lo que viene es seguir avanzando y aprendiendo, porque este es un mundo nuevo. Hay mucha gente que no sabe, que no se atreve. Pero con todo lo que está llegando a los sectores vamos a aprender, la gente le va a perder el miedo y se va a atrever a hacer más cosas”, afirma.
Desde Cotraucó, su mensaje resume el espíritu de Comunidades Conectadas: llevar internet a los territorios rurales, abrir caminos para que las personas puedan aprender, emprender, comunicarse y proyectar sus sueños.
“Vamos a poder, desde nuestra localidad, salir al mundo”, dice Marjorie.