Mattia Carenini: De las montañas de Italia hasta reciclar pelo en 52 países
Conoce la historia de Mattia en este blog.
De un pequeño pueblo en los Prealpes italianos a liderar una red global de reciclaje de pelo en 52 países, la historia de Mattia es la prueba de que los caminos inesperados pueden generar un impacto en pro de la regeneración y de las comunidades. Esta es su travesía desde Torre de’ Busi hasta la Hackatón del Futuro, y más allá.
Me llamo Mattia Carenini y nací en Torre de Busi, un pueblito escondido entre los bosques del norte de Italia. Fui un niño muy tímido, un explorador de sotobosques, castañas y hongos. Amaba tener mi huerto y pasaba horas ayudando a mi papá como carpintero. En ese silencio de la montaña aprendí a observar, a escuchar el ritmo de la naturaleza y a valorar lo simple.
La primera vez que salí al mundo fue gracias a un intercambio de estudios en Oviedo. Tenía 19 años y, de pronto, me vi rodeado de culturas, idiomas y personas de todo el mundo. Fue como abrir una ventana gigante. De ahí partí a Barcelona y, casi sin darme cuenta, en pocos meses ya estaba gerenciando un hostal. Aprendí a tomar decisiones, ajustar precios y, sobre todo, a cuidar a los viajeros como si llegaran a mi casa, porque llegaban a mi casa, efectivamente. El servicio, entendí, también es una forma de hacer comunidad.
El verdadero punto de inflexión llegó cuando entré al Ayuntamiento de Hospitalet de Llobregat. Me sumé a un equipo que estaba haciendo algo fascinante: usar la innovación social para regenerar el tejido urbano. Trabajamos en proyectos que ponían en valor las historias y las comunidades, cruzando generaciones, culturas y disciplinas. Aprendí que la innovación no solo era tecnológica, sino profundamente humana.
De ahí surgió CohesiónArt, una iniciativa de cooperación internacional que aún sigue activa. En África Occidental trabajábamos con mujeres emprendedoras usando metodologías de innovación para fortalecer sus negocios. En España, llevábamos música y arte a escuelas y empresas, promoviendo la cohesión social a través de lo sensorial, de lo colectivo.
El fracaso que me abrió un nuevo futuro
En 2017, llegué a Chile. Abrí mi primera empresa: queríamos mapear las emociones de la ciudad, usar la tecnología para humanizar los espacios. Pero no teníamos un modelo de negocio claro y el proyecto fracasó. Y ahí, en medio de ese vacío, llegó la idea que lo cambió todo.
Uno de mis socios me habló de una noticia en la que, durante un derrame petrolero en la Amazonía, se decía que se había usado cabello para absorber el crudo. Esto nos llevó a conocer a Matter of Trust, una organización estadounidense que llevaba años trabajando en reciclaje de pelo. Estaban justo buscando internacionalizarse. Les escribimos. Nos escucharon. Y nos mandaron una máquina para empezar.
Así nació Matter of Trust Chile. Descubrimos que, en el campo chileno, algunos agricultores usaban pelo para espantar a los conejos. Probamos usarlo como mulch: el resultado fue impresionante. Reducción de hasta 48% en riego, regeneración de suelos, menos maleza. Desde entonces no paramos. Hoy trabajamos con más de 350 salones, con institutos como AIEP que nos ayudan a llegar a los estilistas del futuro, y con proyectos desde Pica hasta Puerto Natales, transformando residuos en soluciones regenerativas.
Trabajamos en dos líneas clave: En ahorro hídrico, ayudando a agricultores a enfrentar la sequía, usar menos agua y mejorar su producción con mulch y fertilizantes hechos de pelo. Y, por otro lado, en limpieza de aguas, mediante procesos de co-creación comunitaria para desarrollar dispositivos que absorben hidrocarburos, metales pesados y coliformes.
Un corte de pelo que une al mundo
Unos años después, me invitaron a coordinar la operación global desde su casa matriz en EE.UU. Hoy dirijo una red de más de 134 hubs en 52 países, donde reciclamos pelo para regenerar suelos y aguas, y generar empleos verdes. Promovemos un modelo abierto, sin patentes, compartiendo tecnologías y aprendizajes con lógica colaborativa.
Recientemente abrí Matter of Trust Latam México, donde trabajamos junto a L’Oréal y con apoyo del Tecnológico de Monterrey para escalar este modelo en toda la región.
Además, fundé Presse.cl, una agencia de comunicación estratégica pensada desde la empatía y la experiencia emprendedora. Ayudamos a empresas, ONGs y proyectos innovadores a traducir su visión en mensajes claros, auténticos y de alto impacto. Y actualmente estudio un MBA en OBS Business School, donde estoy profundizando en gestión de negocios internacionales.
La Hackatón del Futuro: un punto de inflexión
Participar en la Hackatón del Futuro fue un desafío distinto. Me impulsó a salir de mi zona de confort, a programar, prototipar, idear bajo presión y con recursos limitados. Pero, sobre todo, me conectó con jóvenes de todo Chile que comparten un mismo sueño: mejorar el mundo que habitamos, desde sus propias comunidades y realidades.
No todos venimos del mismo lugar, pero todos llevábamos la misma energía: la de querer hacer algo concreto, algo útil, algo que trascienda. Juntos demostramos que la innovación no requiere grandes laboratorios ni presupuestos millonarios; requiere voluntad, empatía y colaboración.
La Hackatón no fue solo una vitrina. Fue un espacio para reencontrarme con lo esencial: con la creatividad como herramienta de transformación, con el trabajo colectivo como motor de cambio.
Creo profundamente que el cambio real nace de lo local y se exporta a lo global. En un mundo tan cerca y tan lejos a la vez, tan similar y distinto, la colaboración será nuestra salida a la crisis socioambiental. Y si algo tan simple como un corte de pelo puede abrir un camino de regeneración, entonces cualquier idea, por pequeña que parezca, puede ser el inicio de una transformación imparable.