Benjamín Carvajal: acción climática y su ruta con Uno Punto Cinco
Conoce la historia de Benjamín en este blog.
A sus 23 años, Benjamín, joven chileno de la Región de Valparaíso y participante de la Hackatón del Futuro, decidió crear una cuenta de Instagram con el objetivo de educar sobre el cambio climático en palabras sencillas. Hoy, cinco años después, esa misma cuenta se ha transformado en una ONG que funciona como centro de pensamiento y acción climática juvenil. Un espacio que cree firmemente en el poder de las juventudes y las acciones colectivas para generar soluciones e incidir en la agenda climática.
Entre la refinería y el mar: el origen de una inquietud
Crecí en la Región de Valparaíso, entre Concón y Viña del Mar, en un territorio marcado por el océano, pero también por la industria. Mi abuelo y mi mamá trabajaron en la refinería de petróleo más importante del país, donde yo mismo hice mi práctica profesional. Mi papá,si bien no había pasado por la refinería, venía del mundo minero en el norte de Chile, otro sector industrial de alto impacto en el país.
Ese entorno me enseñó pronto las contradicciones: los empleos que daban sustento a tantas familias eran los mismos que generaban el impacto que yo observaba año a año en nuestras costas y ecosistemas. Sentí la responsabilidad personal y urgente de hacer algo, de proteger el medio ambiente. Y aunque no tenía todas las certezas ni recursos, recordaba las palabras de mi mamá: “¿Qué pierdes con intentarlo? En el peor de los casos, continuarás donde estabas.”
De un post en Instagram a una comunidad latinoamericana
En diciembre de 2019, en plena efervescencia por la COP25 en Chile, decidí abrir una cuenta de Instagram para explicar el cambio climático en palabras simples. No tenía grandes contactos ni producciones espectaculares, pero sí un sueño que me dominaba: acercar la ciencia a las personas y demostrar que la educación es la semilla de la acción.
Lo que comenzó como un proyecto personal desbordó rápido. El 4 de abril de 2020 formalizamos Uno Punto Cinco y en agosto ya éramos 56 jóvenes de 10 países, conectados en medio de la pandemia. Desarrollamos academias, programas virtuales, conferencias, publicaciones, campañas, contenido en redes sociales, reuniones con tomadores de decisiones y mucho más. Siempre con el mismo engranaje: Educación - Conocimiento - Empoderamiento - Acción.
Aprendimos que no tenemos respuestas a todas las preguntas, pero sí la convicción de que cada acción cuenta y que somos cientos (y miles) de jóvenes que no solo se preocupan, sino que quieren ocuparse de la crisis climática.
Hoy, Uno Punto Cinco es un centro de pensamiento y acción climática juvenil desde Chile para Latinoamérica. Después de años de voluntariado y perseverancia, logramos obtener financiamiento internacional y consolidar un equipo joven y profesional de más de 10 personas a tiempo completo.
He aprendido que ninguna acción es demasiado pequeña y cada esfuerzo cuenta. La perseverancia y la colaboración han sido claves, y también la construcción de alianzas y una comunicación que traduzca y conecte.
Cómo la Hackatón del Futuro me dio una nueva perspectiva que une clima, energía y mujeres cuidadoras no remuneradas.
Aunque el ODS que me tocó representar en la Hackatón del Futuro es el 7 (energía asequible y no contaminante), en el capítulo en el que participé me tocó abordar un desafío distinto: cómo incluir a las mujeres cuidadoras no remuneradas en el mundo del trabajo. Esa experiencia me abrió los ojos a una intersección que hoy inspira muchas de mis decisiones.
La crisis climática trae una serie de consecuencias como las olas de calor, las inundaciones o los incendios, y cuando esto ocurre, las horas de cuidado no remunerado también aumentan. Los niños y niñas no van a clases, los adultos mayores se ven más expuestos, se generan más tareas domésticas, y si a eso le sumamos un costo alto de la energía, se crea una situación de desgaste y carga que principalmente recae en las mujeres.
Tras abrir los ojos a esta situación, comprendí que una transición energética requiere también de justicia, de una mirada de cuidados, y sobre todo, que debe tener impactos en la asequibilidad de los hogares. La transición no era solo kilowatts de energía eólica o solar, es educación, empleo, equidad, descentralización y muchos factores más.
Esta es la perspectiva que me dejó la Hackatón, y hoy soy un convencido de que debemos unir clima, energía y cuidados para hacer realidad la transición justa con la que soñamos: una transformación que no solo sea tecnológica, sino que también social y política.
Soñando lo que viene
Hoy tengo el privilegio de liderar un equipo increíble, apasionado con el trabajo que hacemos. Ejecutamos, cuestionamos, reflexionamos y progresamos, en un espacio que queremos seguir entregando para soñadores y soñadoras que buscan construir un mundo más justo y sostenible, un mundo que no deje a nadie atrás, y que ponga en el centro a las personas y a los ecosistemas.
Al fin y al cabo, desde ese Instagram de educación ambiental hasta la organización en la que nos hemos transformado, seguimos siendo lo mismo que al principio: jóvenes soñadores que buscan e intentan, cada día, marcar una diferencia.